09/01/2019

Errores que estropean la lechuga: SAIA lo cuenta en ‘La Vanguardia’


La lechuga es un ingrediente muy habitual en nuestra dieta mediterránea. Se considera un salvavidas a la hora de preparar un plato sencillo y rico: nos sirve como plato principal o como acompañamiento de carnes o pescados. Se trata de una hortaliza que contiene muy pocas calorías, sólo 16 por cada 100 gramos, ya que el 95 % de su contenido es agua. Además es rica en fibra y vitaminas antioxidantes como la A, C y E.

A pesar de las infinidades de cualidades que aporta la lechuga a nuestra metabolismo, muchas veces no sabemos utilizarla: no la limpiamos bien, la dejamos en la nevera de cualquier manera y se nos estropea o nos aburrimos de tomarla siempre de la misma forma.

Aquí te dejamos algunos consejos para evitar cometer errores habituales:

  • Conservarla mal. La mayoría de veces acabamos colocando la lechuga en el cajón de las verdura de la nevera, pero es mejor guardarla fuera ya que la lechuga viene directa del campo, nos cuenta Lluís Riera, director de la consultora de seguridad alimentaria SAIA. De esta forma (si no ha sido manipulada) aguantará más porque se encuentra a la misma temperatura que en el campo, es decir, a temperatura ambiente. No es aplicable a las lechugas que se venden envasadas en bolsas de plástico ya que han recibido tratamientos y estas sí que tienen que ir a la nevera.
  • Un truco para que la lechuga se conserve fresca durante más tiempo es envolverla en papel absorbente para controlar la humedad y que las hojas de la lechuga no toquen las paredes de la nevera, nos comenta Riera.

  • No limpiarla correctamente. Consumir la lechuga sin limpiar es un riesgo muy grande a nivel de seguridad alimentaria. Es importante eliminar los restos de tierra para reducir la presencia de microorganismos y parásitos, nos cuenta Mercè Gonzalo, dietista nutricionista y tecnóloga alimentaria. Por eso, los vegetales que comemos crudos son peligrosos porque pueden contener bacterias como la salmonella o la e-codi. El lavado debe hacerse a fondo con unas gotitas de lejía para uso alimentario y después secarla bien. Pero sin dejarla mucho tiempo a remojo ya que puede perder sabor y nutrientes.
  • Dejarla aguachada. No es suficiente con secar el bol o recipiente donde hemos lavado la lechuga. Debemos secar bien el exceso de agua, incluido el de las hojas de lechuga, porque no hay nada menos apetecible que una ensalada aguada. Hoy en día existen utensilios muy prácticos como las centrifugadoras o secadoras de vegetales. Aunque siempre nos quedará el papel de cocina para eliminar ese exceso de humedad, una opción poco ecológica.

Actualmente, existen una infinidad de tipos de hortalizas y verduras que encontramos tanto en supermercados como en tiendas especializadas. Pero siempre acabamos recuriendo al consumo de las mismas: romana o icerberg. Existen más de 100 variedades de lechugas como la maravilla, hoja roble, cogollos, batavia etc que permiten innovar en el mundo de las ensaladas.

Tampoco debemos caer en el típico aliño: vinagre, aceite y sal. A esta vinagreta básica le podemos añadir ingredientes como la mostaza, miel, salsa de soja, hierbas aromáticas, ralladura de limón, frutos secos picados, aguacate… Una vez aliñada la ensalada no la podemos guardar para consumirla otros día porque se se hará mal bien en pocas horas. Por eso si te sobra la mejor opción es tirarla a la basura.

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