09/01/2019

Peligros de el agua del grifo mal conservada: SAIA lo cuenta en ‘La Vanguardia’


Rellenas agua del grifo en una botella y posteriormente las guardas en la nevera, te marchas de vacaciones y no vacías las jarras de agua, dejas un vaso de agua en la mesilla de noche y te lo bebes al día siguiente. Son rutinas comunes que realizamos a diario pero la mayoría de nosotros no somos conscientes de los riesgos de que pueden llegar a tener para nuestra salud. Pensamos que el agua nunca se va a poner mala ni a estropear. Pero ¡error!

La conservación del agua del grifo depende de varios factores:

En primer lugar, el agua del grifo contiene cloro, un desinfectante que evita el crecimiento microbiológico. Pero este cloro se acaba evaporando y cuando se pierde vuelve a haber riesgo de contaminación con microorganismos, nos cuenta Lluís Riera, director de la consultora de seguridad alimentaria SAIA.

La conservación del agua del grifo depende de la calidad del agua de cada zona y de la potabilizadora de cada área. Los consumidores tiene acceso a esta información ya que estos análisis de agua se publican.

Otro factor muy importante es la temperatura. La nevera hace que la pérdida de cloro del agua sea lenta y que la reproducción de los microorganismos también se retrase. Por eso, en la nevera el agua del grifo siempre suele aguantar más. Si la agua va del grifo directamente a la nevera esta se puede mantener hasta 10 o 15 días sin problemas, igual que con el agua mineral una vez abierta, nos cuenta Riera.

Hay que tener en cuenta que fuera de la nevera no deberíamos tenerla más de un día en verano y una semana en la época de invierno, nos comenta José Miguel Mulet, doctor de Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia.

Las botellas de plástico de agua que compramos en cualquier supermercado no están pensadas para su reutilización, ya que los químicos que contiene el plástico pueden pasar a los alimentos. Por eso, es recomendable que guardes el agua del grifo en botellas o jarras de plástico duro o si es posible de cristal.

Otro factor clave la higiene de cal, impurezas y microbios acumulado en las jarras, botellas y aireadores de grifos. Estos deben lavarse a fondo cada semana con agua caliente o jabón.

Los filtros que se incorporan a las jarras son muy peligrosos. Estos están pensados para una temperatura ambiente y duran un mes. En verano existe la posibilidad que se creen microorganismos como el biofilm. Lo mismo pasa con los filtros de ósmosis instalados en los grifos, si nos pasamos de tiempo de uso, hay posibilidades de que se produzca una contaminación del agua ya que se acumulan bacterias.

Otro consejo de conservación del agua en la nevera es taparla para evitar la evaporación del cloro y al mismo tiempo la entrada de olores. Es importante no beber de la botella en ningún caso, siempre del vaso.

El vaso de la mesilla de noche o del escritorio mejor beberlo en un máximo de 12 horas, ya que el cloro se evapora y los microorganismos pueden entrar en el agua. Incluso puedes notar sabor a metálico porque el agua absorbe CO2 del ambiente, nos cuenta Riera.

Aquí llega la pregunta clave: ¿qué te puede pasar si bebes agua contaminada con alguna bacteria? Podrías sufrir gastroenteritis o algún problema intestinal.

Se puede leer el artículo completo aquí


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